Te quiero contar cómo nació mi tiendita, porque no nació como un negocio. Nació como una continuación de lo que vivimos juntas en los encuentros. Muchas veces, al terminar un trabajo profundo, alguna me decía bajito: quiero llevarme algo que me recuerde esto que sentí. Y yo la entendía perfecto, porque a mí también me ha pasado que necesito un objeto pequeño, sencillo, que me devuelva a mi centro cuando la mente se me va lejos.

Así empecé a reunir piezas que a mí me habían acompañado: cuarzos, dijes, antifaces para descansar. Nada rebuscado. Cosas que puedes tocar, guardar en tu bolsa, poner en tu buró. Con el tiempo les fuimos haciendo un lugarcito en la página, con nuestro carrito propio, para que los puedas ver con calma desde tu casa. Fue un aprendizaje para mí, que no venía de ese mundo. Poco a poco fui entendiendo que hoy hay muchos caminos para abrir una tienda en línea, desde un carrito sencillo como el nuestro hasta plataformas más amplias como shopify mexico, y que cada proyecto elige el que va más con su momento y su tamaño.

Te lo comparto porque sé que varias de ustedes están también en ese momento de cambio, queriendo darle forma a su potencial propio. Y porque quiero invitarte a mirar estos objetos como lo que son para mí: apoyos, recordatorios, no soluciones mágicas.

Elegir desde la intuición, no desde la prisa

Cuando me preguntas cómo se elige un cuarzo, yo te devuelvo la pregunta: ¿cuál te llamó primero? Casi siempre hay uno que te mira antes de que tú lo mires. A veces es por el color, a veces por la forma, a veces no sabes por qué. Para mí, ahí habla tu intuición, y yo confío mucho en ella.

En la psicoterapia Gestalt trabajamos mucho con el darte cuenta en el presente: qué sientes en el cuerpo, qué se mueve en ti aquí y ahora. Te invito a hacer lo mismo frente a las piedras. Tómalas con calma si tienes oportunidad, o deténte un momento en la foto si las estás mirando en línea. Cierra tus ojos, respira, y nota cuál te da un poquito más de bienestar, de calma, de conexión. No tienes que justificarlo. Tu divinidad interior también se expresa en eso tan simple como un me gusta, me acerca, me tranquiliza.

Si vas a comprar cuarzos por primera vez, te sugiero empezar con uno solo. Llevarlo contigo unos días. Dormir con él cerca, traerlo en la bolsa, tomarlo entre tus manos cuando haces una pausa de mindfulness. Observa cómo te relacionas con él. A veces el vínculo se hace rápido, a veces tarda. Las dos formas están bien.

Lo que se dice de los cuarzos y cómo tomarlo

Sé que hay mucha curiosidad por los cuarzos y sus propiedades. En distintos caminos espirituales se les atribuyen cualidades: hay quien asocia el cuarzo rosa al amor compasivo, la amatista a la serenidad, el cuarzo cristal a la claridad. Yo los miro con respeto, y también con libertad. No te pido que creas algo porque yo lo diga, te invito a que explores qué te despierta a ti cada piedra.

Para mí, más que el significado que viene en un libro, importa la relación que tú construyes. Yo tengo un cuarzo que me regaló una alumna hace años. No es el más grande ni el más perfecto, pero me acompaña desde entonces porque me recuerda un momento de sanación muy íntimo. Cada que lo toco, vuelvo a mi propósito de entonces. Ese es su valor para mí.

Si te ayuda tener una guía, puedes leer con calma lo que compartimos en el catálogo sobre cada pieza. Tómalo como un punto de partida, no como una etiqueta cerrada. Y después pregúntate: ¿qué me evoca a mí? ¿para qué momento de mi vida lo quiero? A veces lo quieres para tu práctica de meditación, a veces para tu espacio de trabajo, a veces para regalar a alguien que está pasando por un duelo o un cambio. Ponerle esa intención tuya es parte del trabajo interior.

Cómo limpiarlos y darles un lugar

Otra pregunta que me hacen mucho es cómo cuidarlos. Yo lo hago de manera sencilla, sin rituales complicados. Cuando llega una pieza nueva a mis manos, la enjuago con agua, la seco con cariño y la pongo un rato a la luz suave, nunca al sol fuerte por muchas horas. Luego la sostengo entre mis manos, respiro y le pongo una intención en voz bajita, como quien siembra algo.

Puedes decir, por ejemplo: que me recuerde volver a mí. O: que me acompañe en este proceso de soltar. No es una fórmula, es una conversación con tu propia conciencia. Desde la cábala aprendo que la palabra tiene fuerza creadora, y desde el mindfulness aprendo a volver una y otra vez al momento presente. Unir esas dos miradas me ayuda: nombro lo que necesito y luego lo practico en lo cotidiano.

Dales también un lugar físico. No los dejes olvidados en un cajón. Pon tu cuarzo donde lo veas: junto a tu vela, en tu altar pequeño, en tu escritorio, debajo de tu almohada si te da paz. Los antifaces, por ejemplo, viven mejor cerca de tu cama, para invitarte al descanso. Los dijes, cerquita de tu piel, para que te acompañen en el día. Que tu espacio te recuerde lo que tu mente a veces olvida.

Mi tienda, mis eventos y mi libro, todo junto

Para mí nada de esto va separado. El libro, los encuentros y la tienda son parte del mismo camino. En mi libro de crecimiento personal cuento experiencias de mi vida donde tuve que volver a mi fe y a mi fuerza para seguir adelante. En los talleres de crecimiento personal lo trabajamos en grupo, con el cuerpo, con la palabra, con silencios compartidos. Y los objetos son como pequeños puentes entre uno y otro momento.

Si alguna vez vienes a un encuentro presencial, vas a ver las piezas ahí, sobre la mesa. Las puedes tocar, comparar, preguntarme. Si estás lejos, la tiendita en línea te permite hacer lo mismo con más calma, leer, volver mañana, elegir sin prisa. Ninguna vía es mejor que otra. Se trata de que encuentres tu forma.

Y quiero decirte algo importante desde mi experiencia como terapeuta: un objeto acompaña, no sustituye tu proceso. Si estás atravesando un momento muy doloroso, si hay ansiedad que no te deja dormir o una tristeza que se queda muchos días, busca también acompañamiento humano. Un espacio terapéutico, un grupo de apoyo, una conversación honesta con alguien de confianza. El cuarzo puede estar en tu mano mientras hablas, mientras lloras, mientras respiras. Pero la sanación ocurre en el vínculo, en mirarte con compasión, en darle tiempo a tu historia.

Una práctica chiquita para empezar hoy

Te dejo una práctica muy sencilla, de las que hacemos en el Centro, por si hoy tienes tu piedra contigo o si quieres imaginarla mientras eliges:

Repite esta pausa unos días. No para obtener algo, sino para cultivar tu conexión contigo. A veces el cambio no se nota fuera, pero por dentro algo se va ordenando. Yo lo he vivido en mí y lo he visto en muchas mujeres a las que acompaño: cuando vuelves a tu centro, tus decisiones se vuelven más suaves y más tuyas.

Si te nace, date una vuelta por la tiendita sin compromiso. Mira, toca con los ojos, deja que tu intuición te guíe. Y si sientes que es momento de trabajar más hondo, te espero en los encuentros y en las páginas del libro. Todo está pensado para acompañarte, al ritmo que hoy puedas, con mucho cariño y sin prisa.