Tere tiene una casa luminosa en Coyoacán, con bugambilias en la entrada y la cocina siempre ordenada. Quien la visita dice que todo se ve en su lugar: los hijos creciendo bien, su trabajo estable, ella arreglada y atenta. Por fuera, nada parecía faltar.
Pero una tarde me dijo, bajando la voz, que al abrir la puerta sentía la casa ajena. Dejaba la bolsa en la silla, prendía la luz y era como si llegara a un lugar que ya no la abrazaba. Llevaba meses pensando en vender todo y mudarse lejos, como si cambiando de techo fuera a cambiar por dentro. Y en realidad lo que estaba pasando era otra cosa: ella misma se había ido quedando fuera de su propia vida.
Cuando todo está en orden y tú te sientes fuera de lugar
Te lo cuento porque quizá te ha pasado algo parecido. No es una crisis ruidosa. Es más sutil. Sigues cumpliendo, contestas mensajes, haces la comida, acompañas a otros. Y al mismo tiempo hay un cansancio bajito, una sensación de estar viviendo de visita en tu propia casa, en tu propio cuerpo.
Desde la psicoterapia Gestalt lo miro de una manera muy sencilla: a veces dejamos de darnos cuenta de lo que necesitamos porque estamos ocupadas sosteniendo lo de afuera. Nos acostumbramos a funcionar y se nos olvida habitarnos. No es falta de agradecimiento ni es que esté mal querer cambiar de aires. Es que el alma pide primero presencia antes que mudanza.
Tere creía que su problema era la casa. Hablaba de paredes, de ruido, de espacio. Cuando nos dimos tiempo para escucharla con calma, apareció lo verdadero: sus días habían cambiado, sus hijos ya no la necesitaban igual, su cuerpo le pedía otro ritmo y ella no se había dado permiso para reconocerlo. Su divinidad interior le estaba pidiendo una pausa para volver a escucharse, no una huida.
La luz de tu casa también te habla
Le propuse algo muy pequeño para empezar. Que por las mañanas abriera las cortinas despacio y se quedara un momento mirando cómo entraba el sol. Sin celular, sin pendientes. Solo sentir la luz en la cara, respirar y notar cómo estaba ese día. Me dijo que al principio le pareció demasiado simple. A los pocos días me contó que esa ventana se había vuelto su momento favorito.
La luz tiene un efecto muy noble en el bienestar. Una recámara oscura todo el día nos apaga, una mesa cerca de la ventana nos invita a quedarnos. No hablo solo de decoración, hablo de conexión. Cuando dejas entrar el sol, también dejas entrar un poco de claridad por dentro. Tu intuición se acomoda mejor cuando el cuerpo se siente acogido por el espacio.
Hace poco escuchaba a unas vecinas platicar de cómo cada quien aprovecha distinto esa misma luz. Una contaba que en su condominio estaban revisando lo del sistema fotovoltaico para usar en lo común la luz que les da fuerte en el techo por las tardes. Me quedé pensando en eso: cada casa busca su manera de sostener su energía, y nosotras también estamos buscando la nuestra, a nuestro ritmo, hacia adentro.
Volver a habitarte, paso a pasito
Con Tere no hicimos grandes cambios. No vendió la casa. Empezó por habitarse ella, y la casa la fue siguiendo. Desde lo que he aprendido entre espiritualidad, psicología y mindfulness, te comparto lo que a ella le ayudó, por si algo te resuena y quieres probarlo en tu vida.
- Quédate un rato donde estás. Elige un lugar de tu casa que te guste y siéntate ahí cinco minutos sin hacer nada útil. Siente el respaldo, los pies en el piso, tu respiración. Es una forma sencilla de regresar a tu potencial propio cuando la mente se va a lo que falta.
- Deja que la mañana te ordene. Abre ventanas, tiende tu cama despacio, pon agua para té. Ese orden pequeño le dice a tu sistema que hay un propósito para hoy, aunque sea chiquito.
- Toca tu historia. Toma un objeto que ames, una foto, un cuarzo, un dije, y tenlo un momento entre las manos. Pregúntate qué parte de ti sigue viva ahí. La sanación muchas veces empieza por reconocer lo que ya te sostuvo antes.
- Lee despacio. Hay etapas en las que no necesitamos más información sino compañía. Yo escribí este libro de crecimiento personal desde mis propias experiencias de vida, para leerse de a poquito, subrayando lo que te hable. Tere lo leía en las noches, una página y la dejaba respirar.
- No te acompañes sola. Hay momentos para estar contigo y momentos para estar entre mujeres que están en lo mismo. En nuestros talleres de crecimiento personal nos sentamos en círculo, respiramos, compartimos lo que cada una trae y salimos más ligeras, sin prisa y sin exigencias.
Lo que cambió sin cambiar de casa
Un mes después, Tere me recibió con té en esa misma cocina. La casa era la misma y no era la misma. Había movido una silla junto a la ventana, había regalado cosas que ya no usaba, había dejado un espacio libre para sentarse a escribir. Me dijo: ya no siento que quiero salir corriendo. Siento que estoy regresando.
No te voy a prometer que con esto todo se acomoda. Lo que sí te puedo decir es que cuando vuelves a ti, las decisiones se toman distinto. A veces confirmas que sí quieres mudarte, cambiar de trabajo o cerrar un ciclo, pero ya no lo haces desde el agotamiento sino desde la claridad. La abundancia, para mí, empieza ahí: en sentir que tu vida te vuelve a incluir.
Si hoy sientes tu casa o tu vida un poco ajena, empieza por lo más cercano. Abre la luz, siéntate contigo, escucha lo que tu cuerpo te pide. Tu conexión contigo es la base de todo lo demás. Y si quieres que te acompañe en ese regreso, aquí estoy, con el corazón abierto.